viernes, 27 de abril de 2012

Sal.

Sal.

Aun recuerdo el aroma a salitre que hacia nuestros cuerpos cuando después de aquella noche en el malecón,hicimos el amor en tu coche.
Era un viernes y la verdad es que decidimos salir de fiesta , pero terminamos en el coche.
Solo salimos para ver amanecer en la playa,con una manta y nuestros abrazos.


Las miradas encendidas comenzaron cuando viste mi vestido rojo con ese vuelo de esa falda que jugueteaba con la brisa del mar.
Nos metimos en el coche y decidí acariciar tu pelo engominado.Tu piel se erizaba a la vez que tu pantalón crecía de tamaño.
Decidí jugar al juego de cambiar de marcha, pero con la palanca que tenias entre tus piernas.
Fue divertido ver tu cara sonrojada.
El camino se hizo muy corto y llegamos a aquella terraza de verano.
Paraste el coche y me dijiste-¿quieres jugar? Te contesté-si!,-Quitaté la lencería.
Mi lencería roja como el vestido se quedo en el coche.




El frescor de la noche aliviaba mi calor sofocante.
Nos tomamos una copa y mis piernas cruzadas sentían la humedad de mi esencia.


Me sacaste a bailar una canción lenta , tus manos bajaban por mi espalda desnuda hasta llegar al trocito de falda roja.
Me susurraste,-¿Nos vamos? Mi corazón palpitaba con fuerza y te contesté,-Vale.


Llegamos al coche y nos metimos por un camino hacia las dunas de arena.
Sabíamos que queríamos ver amanecer.




Los detalles del encuentro quedan reservados.Solo os puedo decir que la luna y la marea son las únicas que conocen nuestro secreto.




By/Ro.









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